Conociendo a Sheena

Arqueóloga reconocida y bien valorada entre sus compañeros de profesión, con diversos trabajos publicados en las revistas sobre arqueología más reconocidas a nivel mundial e infinidad de colaboraciones en varios proyectos. Su especialidad son sus estudios sobre las desconocidas, aun hoy en día, tribus indoeuropeas. Concretamente, los celtas.
De nacionalidad escocesa, vive y trabaja en Edimburgo, capital del país, como una de las principales directoras de su departamento en el Museo Nacional de Escocia.

De personalidad introvertida, Sheena Murray es una mujer que le gusta disfrutar de su soledad. Tan solo comparte su vida y sus sentimientos con sus seres queridos más cercanos, Jared y Sophie, a los que considera su familia.
No es muy amiga de las relaciones sociales, aunque, debido a su trabajo, se vea forzada a la interacción con el resto del mundo. Quizás por eso no sea una persona que guste a la gente en las primeras impresiones.
De cabellos color castaño-cobrizo, ondulado y melena larga, que siempre suele llevar recogida en una coleta alta; ojos del mismo color del ámbar; y una figura alta y esbelta, Sheena es una mujer de gran belleza natural… aunque ella no sea consciente y apenas explote su feminidad. Y no será porque sus amigos no se lo digan o hagan ver.

Desde bien pequeña, siempre tuvo la sensación de no pertenecer a este tiempo. Tal vez, el hecho de ser adoptada y no saber nada acerca de sus orígenes la hayan llevado a sentirse desubicada por completo. El único ancla que la mantiene sujeta, y evita que salga huyendo, son su familia, amigos y seres queridos.

Sheena Murray es una mujer que, poco a poco, irá evolucionando a los largo de la saga. Descubrirá por fin la verdad sobre su nacimiento y se convertirá en alguien en quien jamás nadie hubiese imaginado que podría llegar a ser.

“Su destino lleva fijado en el tiempo, mucho antes de su nacimiento”

─ Saga Eden ─

Descubriendo a Samaël

Como dicen las escrituras, Samaël era el hijo predilecto de Dios/Yahweh; el más leal y más fiel; comandante de las legiones angelicales y protector de la creación más preciada creada por su padre: la humanidad.

De porte elegante, siempre fue considerado el arcángel más hermoso de todos sus hermanos. No solo por su físico, si no por sus facciones perfectamente cinceladas. A sus dorados cabellos se le suman sus enigmáticos ojos azules, de profunda e hipnotizadora mirada. Samaël fue creado para ser amado y deseado por todo aquel que se acercase a él. El amante perfecto.

Pero no solo es diestro en el amor. La lucha es su gran fuerte y lo que en verdad resalta en él. Temido y admirado de igual forma, Samaël ha nacido para la batalla. Su fuerza, su tesón y su decisión hacen de él un ser prácticamente invencible.
De personalidad fuerte, firme en sus decisiones y siempre fiel a sus principios, se le debe sumar un carácter impulsivo y temperamental. Es por eso que es el único, de todos sus hermanos, capaz de atreverse a contrariar a su padre. Cuando creía que se estaba cometiendo una injusticia, no dudaba en hacerlo saber y, si así se diese el caso, oponerse. Y por ello fue castigado con la expulsión de su hogar.

Lucifer, o Portador de luz, apodo por el que le llama su madre de forma cariñosa y por el que será más conocido, aunque será asociado más con el mal que con el bien.
Con sus seis alas y su espada flamante, que solo puede ser empuñada por él, hacen que sea el ser más poderoso de todos y, por tanto, el más odiado.

La historia de Samaël siempre ha tenido un enorme poder de atracción sobre mí. Quizás por eso sentía la necesidad de crear esta saga, de contar su historia.
Realmente, apenas he cambiado nada sobre su personalidad o su físico. Considero que se le describe a la perfección en todas las escrituras. Su porte, su fiereza en la lucha…tan solo algunas pequeñas pinceladas de mi propia cosecha, pero poco más puedo añadir salvo que quiero uno para mí.

Le Génie du mal, o El genio del mal, o El Lucifer de Lieja.

Guillaume Greefs, 1848-Catedral de San Pablo de Lieja, Bélgica

La creación de una escultura maldita, la cual fue ocultada al público por considerarla demasiado hermosa para mostrar al ángel caído y que os animo a que busquéis porque es digna de conocer. Y la escultura, también. Aunque para eso, hay que irse hasta Lieja.

Foto: Luc Viatour